ANTONIAMAT
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| El Enigma de la Alquimia |
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El enigma de la alquimia toma sinuosas formas en el espacio de lo visible. Son gestos cautivos en un sentimiento contenido que se liberan con el ansia del que creía morir; se muestran con la desfachatez del que justifica la vida aunque sólo sea para un instante; desconocen el paso del tiempo pero buscan el futuro con la ingenuidad del resurgir recién estrenado. Es un deseo fluctuante y ambiguo que brota indómito en un arrebato intraducible, adquiriendo expresiones que sobrepasan la razón. Los instantes se manifiestan con el peso de la meditación; abren grietas, se hunden en la materia; escudriñan hasta encontrar el bálsamo del color; moran en el imperecedero presente. Para capturar ese instante esencial es necesario conocer el pasado, vivir el ahora y creer en el futuro. Frente a la nada, todo adquiere importancia, cualquier gesto es un signo de vida. De la nada se nace, mientras que el todo puede desvanecerse y quedar reducido a una mera suposición. La luz no tiene prejuicios, es el cordón umbilical que alimenta una imagen recuperada del pensamiento, que como un duende se escapa de la inexistencia y en una constelación urgente se perpetúa en el lienzo, creando un mundo construido con la brocha, la espátula, las manos. Es la idea de un nacimiento que madura con las miradas, hasta convertirse en un amanecer íntimo, alejado de cualquier teoría o creencia. La sencillez escupe lo forzado porque hiere su alma y su etérea vida podría acabar sucumbiendo en el intento de aceptar lo impuesto. Cualquier pincelada, cualquier mancha, cualquier rasguño, cualquier escarbadura es parte de una experiencia o de una intuición. El avance es una consecuencia del regreso, es lo que hace posible la reflexión para dar trascendencia al misterioso mundo que envuelve esa mirada que retorna y nos hace vulnerables a las tentativas de búsqueda. Amat, con su pintura, no persigue el todo, toma segmentos de existencia que apuntan una posibilidad. Reivindica su derecho a fragmentar abriendo ventanas en un mundo de materia que nos desvela que la perspectiva de vida es infinita. Es como una excavación en busca del fuego o del mar: el capricho de la naturaleza es desgarrador, al igual que el sentir no conoce dogmas y si esperamos coherencia podemos toparnos con la disconformidad. Gestos domados por la brocha huyen de su tediosa espera y se precipitan hacia el abismo del espacio, toman contacto con la materia para su irreversible existencia; es una incrustación agitada que culmina con enérgica frescura en una marca innominada. La tierra se cuartea, se desliza empujada por la decisión, acarrea su propio peso creando una superficie abrupta que observa desde su montículo la exhalación silenciosa del color. La desnudez natural se desparrama sobre el lienzo en una generosa gestación cómplice de cualquier inquietud, permite que las formas, las cicatrices rubricadas en un espacio de tiempo, el tizne creador de sombras, los signos sin nombre, los gestos vehementes, busquen su lugar en un cosmos plural y permisivo. Es el resurgir de un nacimiento anunciado, la liberación de una imagen nunca del todo exenta del capricho de la revelación, una ventana que nos permite asomarnos al mundo de las sutilezas, donde somos libres para crear y nutrir nuestros pensamientos; cuantos menos prejuicios, mayor es el placer. Amat acepta y cuestiona. Su obra nos mira buscando nuestros ojos ante la posibilidad de un encuentro en un espacio sin horizontes, donde las palabras son parcas y la naturaleza un símbolo. Nos invita a que seamos nosotros los creadores de lo que vemos. El arte contemporáneo rompe con las estrecheces y la rutina; incorpora ideas desconocidas que nos hacen reaccionar estableciendo una cadena de crecimiento progresivo; abre una puerta al juego intelectual y a la reflexión. El arte contemporáneo no esconde, muestra parte de un subconsciente; nos anima a pensar por nosotros mismos y necesita de nuestra mirada para hacer posible su realidad. Amat, en su obra, trata de ampliar las posibilidades de expresión de lo aparentemente conocido, donde somos participantes activos que entramos en la rueda de la innovación, donde las miradas se cruzan creando una existencia colmada de inquietudes. La imaginación, su aliada incondicional en este juego de pensamientos, es libre, no puede tener freno, pues ello la condenaría al fracaso y acabaría desvaneciéndose en el intento. Para crear y observar libremente debemos despojarnos de anquilosamientos y de prejuicios, porque se pueden convertir en nuestros peores enemigos impidiéndonos entrar en el espacio de la contemplación y el encuentro. De todos es sabido que en el pasado, y no es necesario irse muy lejos, cualquier idea nueva que hiciera peligrar nuestros esquemas de vida preestablecidos era recibida por un rechazo general. Este espíritu aburguesado e inflexible es un tope que debemos sortear para acercarnos a los ilimitados recursos que nos brindan nuestros sentidos y poder acceder a un mundo de transformación y de independencia. El alimento intelectual se puede manifestar de muchas formas, y el arte contemporáneo es una de ellas. © Mayte Campos |
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